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Una ventana al Monte que ya no es

Una ventana al Monte que ya no es

tillandsiaimperialis

Érase una vez un solo bosque, desde aquí hasta Ered Luin, y esto no era sino el extremo oriental

¡Aquellos fueron grandes días! Hubo un tiempo en que yo pude caminar y cantar el día entero, y no oír otra cosa que el eco de mi propia voz en las cuevas de las colinas.

Bárbol sobre los bosques: El Señor de los Anillos, Las dos torres.

Para quienes hayan leído varias entradas de este blog (altamente recomendadas todas ellas) ya se habrán dado cuenta que he expresado continuamente mi nostalgia sobre el destino que han sufrido los grandes ecosistemas boscosos en gran parte de México, y sé que puede sonar extraño el hecho de sentir nostalgia por algo que nunca jamás conocí, pero así me ha ocurrido. Pues a través de las lecturas de aquellos que sí conocieron esas extensiones verdes y vibrantes hace muchas décadas, así como las visitas a los pocos sitios que aún conservan un atisbo de aquello que fue, puedo imaginar perfectamente esos ecosistemas. Uno de estos «mundos perdidos» es el Bosque Mesófilo de Montaña que alguna vez se extendió por el centro del estado de Veracruz; habiendo nacido en la capital, Xalapa, es natural que durante mucho tiempo me haya intrigado este ecosistema que alguna vez creció en toda su plenitud alrededor de mi ciudad natal, y dentro de él, sus habitantes emplumados.

Desde hace algunos años me he dado a la tarea de visitar lugares que puedan sustentar todavía la avifauna que debió existir en las áreas cercanas a Xalapa de acuerdo con los registros y las colectas que algunos especialistas hicieron durante la última mitad del siglo XIX y primera mitad del siglo XX, o también aquellas especies que la tradición oral y la memoria de quienes se dedicaron a la captura de aves de ornato señala que existieron en mayores números de lo que ahora podemos encontrar. Así pues, tomando las hebras de estas distintas historias permíteme mostrarte una pequeña ventana a un Bosque de Niebla que ya no es, y de cuya profunda huella aún podemos encontrar recuerdos.

Bosque Mesófilo de Montaña en la comunidad de El Zapotal, municipio de Acajete

El Monte que algún día existió

La vida diaria de las aves en el bosque de niebla comienza desde antes que el sol aparezca sobre el gran mar al oriente; antes siquiera de que las primeras luces asomen, las voces de las Primaveras Negras [Turdus infuscatus] comienzan a escucharse; la primera de todas en cantar, solitaria y trémula se une al eterno coro de insectos que domina la noche, y después de unos momentos calla, luego, otra Primavera canta aún más lejos, al instante siguiente canta una más, y de pronto cómo si no hubiera punto medio entre el silencio y el jolgorio, todo el bosque a tu alrededor explota en voces de todos los colores y tamaños, las metálicas y saltarinas de los Jilgueros [Myadestes occidentalis] junto a las repetitivas y ásperas de las Tucanetas Verdes [Aulacorhynchus prasinus] se entrelazan en un coro magnifico, sin director ni tiempo, que probablemente ha existido así desde que los mismos bosques nubosos se conformaron, hace ya miles de años.

Chlorophonia occipitalis, la Esmeralda

Y lejos, muy lejos aún como si vinieran desde el pasado de aquel monte que no conocía frontera, se escucha el canto de las Clorofonias [Chlorophonia occipitalis] relámpagos verdes y azules que viven silenciosos siempre en las copas de los árboles, pero a los que la desaparición de los bosques de niebla los ha convertido en meros fantasmas. El nombre tradicional de estas aves en la región era «Esmeralda» y cuentan los viejos que hubo un tiempo en que las Esmeraldas colgaron relucientes de las ramas de los árboles, y en aquellos lugares donde la fruta que les gustaba era abundante fueron fáciles de encontrar, y también de atrapar. Hace ya muchos años que se han refugiado en las cañadas estrechas, donde nadie alcance sus colores, y aún con la vista pulida por los años de buscar aves, es difícil hallarlas.

Pero no todo son cantos en el bosque de niebla; mientras caminas a través de los grandes y enhiestos encinos puedes sentir cómo tus pies se hunden un poco en la alfombra de hojarasca, a diestra y siniestra encuentras bromelias adheridas a la corteza de los árboles, e incluso en el suelo si el terreno es propicio. Junto con esos verdes almacenes de agua, crecen miríadas de orquídeas grandes y pequeñas, y una multitud de seres vegetales que no se alcanzan a discernir por completo. En medio de este caos vegetal viven pequeños seres como las lagartijas del género Abronia; pequeños dragones que en vez de volar para alcanzar las nubes, dejan que estas los alcancen en las alturas de los árboles cubiertos de neblina. Bajo este toldo verde es donde se mueven aves increíbles, las ruidosas Charas de Gorro Azul [Cyanolyca cucullata] y Unicolor [Aphelocoma unicolor] que en la región tenían el nombre antiguo de «Quexque», deambulan por los distintos niveles de la vegetación, y en el suelo camina siempre tímido el increíble Chivizcoyo [Dendrortyx barbatus] una pequeña codorniz endémica de estos bosques que se volvió el emblema de este proyecto emplumado después de años de intensa búsqueda, y de la cual hablaremos a fondo, si los destinos son propicios, en otra ocasión.

El caos vegetal del Bosque Mesófilo de Montaña

Al fondo de las cañadas, por donde el agua canturrea entre las piedras llevando la historia de estos bosques cuesta abajo hasta el mar, también cantan los Halcones Selváticos Barrados [Micrastur ruficollis] que casi nunca se dejan ver. Volando como pequeños relámpagos coloridos también pasan sin dejarse observar bien los Colibríes Multicolores [Lamprolaima rhami] que se alimentan de las bromelias en flor y son uno de los colibríes más grandes que viven dentro del bosque; además, en la región reciben el nombre tradicional de «Güichi Canelo» un nombre que viene de antiguo, probablemente de la palabra Huitzilin, que en lengua Náhuatl se usaba para referirse a esos pequeños guerreros emplumados. Por otro lado, elevándose en espiral por los grandes árboles vive también el Trepatroncos Moteado [Xiphorhynchus erythropygius] y tal vez, y sólo tal vez, por algún lugar de estos bosques nubosos todavía exista el más grande, el Trepatroncos Gigante, que mis andanzas por la región aún no han atinado a encontrar.

Sin embargo, hay seres que ya aquí ya no nos quedan, que hace tiempo se han ido… hace ya casi medio siglo que ya no campan por esta tierra las grandes aves como las Pavas Cojolitas [Penelope purpurascens] y en sus relatos, Don Pedro Mota, uno de mis grandes maestros tradicionales de las aves de la región, habla de la última Pava que vio cuando era joven, hace ya muchos años. Tal vez mucho antes que las pavas desaparecieran, desaparecieron sus depredadores alados; las grandes águilas del género Spizaetus, depredadores de bosques y selvas tropicales que aunque parezca increíble, eran reportadas en las cercanías de la ciudad de Xalapa por los naturalistas que visitaron la región en el siglo XIX. La pérdida de estos gigantes del monte nos habla de un bosque mesófilo de montaña fragmentado, hecho jirones de lo que un día fue, restringido ahora a sitios que son demasiado pequeños para poder sustentar a especies tan grandes como las pavas o las águilas.

Xiphorhynchus erythropygius, un misterio del bosque nuboso

Algo similar pero a menor escala ha sucedido con muchas aves de las que hemos platicado antes: las Primaveras Negras ya no se acercan a ciudad de Xalapa, los Halcones Selváticos Barrados que hasta hace unos años todavía se hallaban en la periferia se han vuelto más y más difíciles de encontrar y los Quexques se han retirado a sus cañadas nubosas conforme la gloria de su ecosistema desaparecía de las cercanías de la urbe. Pero a través de estas pequeñas ventanas al bosque que algún día fue, puedo imaginar como fueron los pequeños arroyos que alguna vez corrieron a través de lo que hoy son calles, como fueron las grandes avenidas de encinos cubiertos de orquídeas de las que ahora sólo queda el recuerdo, en fin, la memoria de lo que fue la vida dentro de este mágico ecosistema que debió ser el bosque mesófilo de montaña en su plenitud.

Ay de mi Monte que vive
Que existe, respira y sana
Que al filo de la mañana
Mil y un cantos lo conciben
Ay dolor de mí, que «vide»
De lo que antes fue, un pedazo
De mi Monte hecho pedazos
Quebrantada su regencia
Su dominio en decadencia
Y en el olvido su abrazo

Décima al bosque perdido, Alberto Lobato

Epílogo: el bosque que todavía es, y quienes lo cuidan

Sin embargo, hay que dejar en claro, que aún fragmentado y reducido, el bosque mesófilo de montaña que todavía crece en las cercanías de la ciudad de Xalapa sigue aportando su agua, su clima y sus distintas bondades para quienes viven a su sombra, y a través de distintos esquemas de conservación, comunitarios, privados, institucionales o mixtos que permiten la existencia de estos remanentes de la vegetación original es como he podido abrir estas ventanas al pasado e imaginar cómo debió de ser esta región hace tiempo.

Un gran agradecimiento a los integrantes de la red de Ecoturismo Comunitario «Cañadas del Pixquiac» que mantienen áreas con bosque conservado en las cuales he podido observar aves desde hace varios años, y de cuyos senderos vienen muchas de las fotos que he usado en esta entrada. Y otro agradecimiento al Rancho Salvaterra que mantiene otra porción de bosque de niebla en el municipio de Xico, y cuya visita (gracias a mi colega botánico Rodrigo Carral) y el encuentro con el misterioso Trepatroncos Moteado que allí ocurrió fue el detonante para escribir esta entrada.

Aulacorhynchus prasinus, la Tucaneta Esmeralda

Referencias bibliográficas

Aquí dejaré algunas listas y referencias pueden darnos una idea de la avifauna que debió existir, y que existe aún en la ciudad de Xalapa y el bosque nublado del centro de Veracruz.

  • González-García, Fernando, Straub, Robert, Lobato García, José A., Macgregor Fors, Ian, & Santiago Alarcón, Diego. (2016). Nuevos registros y notas adicionales comentadas sobre la avifauna de la ciudad de Xalapa, Veracruz, México. Acta zoológica mexicana32(3), 253-269.
  • Davis, W. B. (1945). Notes on Veracruzan birds. The Auk62(2), 272-286.
  • Chapman, F. M., & Trujillo, M. (1898). Notes on birds observed at Jalapa and Las Vigas, Vera Cruz, Mexico. Bulletin of the AMNH; v. 10, article 2.
  • Sclater, P. L. (1859). On a series of birds collected in the vicinity of Jalapa, in Southern Mexico. Proceedings of the Zoological Society of London.
  • Sclater, P. L. (1854). List of additional species of Mexican Birds obtained by M. Auguste Sallé from the environs of Jalapa and S. Andres Tuxtla. Proceedings of the Zoological Society of London.

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4 comentarios

  1. ¡Qué mirada nos brindas de pasado y presente! Ida y vuelta. Mirar el espacio que describes y hacer aparecer cada ave como un espejismo posible.
    Cantos de esperanza. Existen en tanto resuenan los cantos.

    *Qué antojo conocer las historias de los maestros tradicionales que mencionas.

  2. Leerte siempre es transportarme en el tiempo y espacio al punto más redondito del bosque de niebla.
    Puedo escuchar el coro desenfrenado de las aves al amanecer, puedo mirar al cielo y en el trayecto mi vista recorre la inmensidad del bosque y la abundancia de las bromelias. Puedo caminar y sentir la espesura de las hojas en los pies, escuchar ese crujido estimulante que a mis pasos acompaña.

    Siento una inmensa felicidad y a la vez una nostalgia profunda al pensar en lo que fue, en lo que es y en lo que será, el increíble bosque de niebla.

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